Roman Un Dominio Subestimado chapitre Chapitre 1

— Pedro González, este es el convenio de divorcio preparado por la presidenta García. Fírmalo.

En el Grupo Preciosidad, en la oficina de la presidenta, la secretaria Juana, vestida con un traje de oficina, colocó una hoja de papel tamaño A4 sobre la mesa.

Frente a ella estaba sentado un hombre con ropa sencilla, pero de atractivo rostro.

—¿Divorcio? ¿Qué significa esto? —Pedro se había quedado un poco pasmado.

—Pedro, ¿no lo entiendes? El matrimonio entre la presidenta García y tú ha llegado a su fin. Ya no están en el mismo mundo. Para la presidenta García, tu existencia solo era un estorbo —dijo la secretaria sin tacto alguno.

—¿Un estorbo?

Pedro frunció ligeramente el ceño y preguntó:

—¿Así que esto es lo que ella piensa de mí?

Cuando se casaron, la familia García estaba endeudada y en una situación financiera muy difícil. Fue él quien ayudó a la familia García a superar esa crisis.

Sin embargo, nunca había pensado que ahora, después de recuperarse, Leticia quisiera abandonarlo.

—Puedes pensar lo que quieras.

La secretaria levantó la barbilla y le mostró una revista con una mujer extraordinariamente hermosa en la portada.

—Pedro, mira el título de la revista. En solo tres años, el valor de la presidenta García ya superó los mil millones.

No solo obró un milagro, sino que también se convirtió en la presidenta más famosa y hermosa de toda la ciudad de Rulia. Con su belleza y sus aptitudes, estará en la cima de la pirámide y será respetada por todos. ¿Pero y tú? Solo eres un hombre sencillo que no sirve para nada. No eres digno de ella en absoluto. Por eso, espero que puedas conocerte mejor.

Al ver que Pedro no decía nada, la secretaria no pudo contenerse, frunció las cejas y dijo:

—Sé que no estás feliz con esto, pero esta es la situación. Tal vez ayudaste a la presidenta García, pero en estos tres años ella ya te ha devuelto lo que le debías. Ahora, ¡eres tú quien le debe a ella!

—¿Acaso el matrimonio no era más que un negocio? —Pedro respiró profundamente e hizo todo lo posible por reprimir sus emociones—. Si Leticia quiere divorciarse de mí, que venga en persona para hablar conmigo sobre esto.

—La presidenta está muy ocupada. No es necesario molestarle por una cosa tan trivial.

—¿Una cosa trivial? —Pedro se quedó atónito y luego se rio de sí mismo—. ¿Así que según ella el divorcio solo es una cosa trivial? ¿Ni siquiera tiene tiempo libre para reunirse y hablar conmigo? Ahora ella es… realmente inaccesible.

—Pedro, las cosas son como son. Dejemos de hablar por hablar.

La secretaria se acercó un poco al convenio.

—Si lo firmas, no solo obtendrás un departamento y un auto, sino también una compensación de ocho millones. ¡Nunca ganarás tanto dinero en tu vida!

—En realidad, no es una cantidad pequeña, pero es una lástima que no la necesite. Si ella quiere divorciarse, tendrá que presentarse ante mí. De lo contrario, nunca lo firmaré —dijo Pedro con un tono indiferente.

—¡Pedro! Si te doy un dedo, no tomarás el brazo.

La secretaria dio un golpe en la mesa y gritó:

—No te quejes de que no te lo había advertido. Con el poder y el estatus de la presidenta, es muy fácil que se divorcie de ti. Pero considerando lo ocurrido en el pasado, quiso dejarte en mejores y más dignas condiciones. ¡Es mejor que no desafíes su límite!

—¿Dignidad?

Pedro solo quería burlarse. Ni siquiera quiso aparecer para divorciarse de él, ¿de qué dignidad estaba hablando? Además, si realmente estaba teniendo en cuenta el pasado, ¿cómo era posible que dijera algo amenazante como eso?

—En mi opinión, no tenemos nada más que hablar.

Pedro no quiso decir más, se levantó y se dispuso salir.

—¡Pedro González! ¡Tú…!

La secretaria quería insultarlo.

En ese momento, una mujer muy hermosa, de esbelta figura, y vestida con un elegante vestido negro largo, empujó la puerta y entró.

Su piel era tan blanca como la nieve, todas sus facciones eran finas y perfectas y su temperamento frío. Parecía un hada saliendo de una pintura. ¡Era bellísima!

—¡Por fin apareces!

Viendo a la hermosa mujer que estaba frente a él, Pedro tenía los sentidos multiplicados.

Durante los tres años de matrimonio, ambos se habían respetado mutuamente, pero al final habían llegado a este punto. Él no sabía qué había hecho mal.

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